JUAN VELASCO ALVARADO, EL ENEMIGO DE LA “DEMOCRACIA”
No sé si fue la simpatía personal o la fiebre
colectiva quien animó a mi madre a llevarme con ella, el día en el que el
general Juan Velasco Alvarado presidió un mitin en la plaza de armas de
Arequipa. Corría el año 71 o quizá el 73. Y yo, pequeño infante, recuerdo contemplar
en medio de la muchedumbre, a lo lejos, a Juan Velasco Alvarado. De pie, encima
de un imponente estrado y a través de los altoparlantes, el general lanzaba una
alocución. Y la multitud le correspondía con aplausos y banderolas que
orgullosas flameaban el rostro de Tupac Amaru y frases alusivas a la “tierra” y
“revolución”.
El impacto fue poderoso para mí, infante que
no sabía de ideologías ni realidades nacionales. Sin embargo, me daba cuenta de
que la presencia y el discurso de Velasco, presidente del Perú, despertaba
pasiones y algarabías en la multitud. Sospechaba que los actos de su gobierno
algo grande estaba removiendo. Fue en el devenir de los años que comprendí que
Velasco había fracturado el orden social y político del Perú, mundo, hasta
entonces andino y rural, que tristemente José María Arguedas, Ciro Alegría,
Clorinda Mato de Turner, entre otros, describieron de manera literaria.
Cuando fui estudiante universitario y tuve
entre manos la legislación emitida por Velasco, entendí que la realidad andina
de los escritores indigenistas no era imaginación pura. Fue sorprendente para
el estudiante de Derecho que fui tener entre manos el D. Ley 17716. Y encontrar
allí que estaba prohibido que en los contratos de arrendamiento se pacte que el
campesino se obligue a comprarle alimentos y suministros agrícolas
exclusivamente al dueño de la tierra. También, leer la prohibición de acordar
que el arrendatario trabaje gratis, sin remuneración, para el propietario de la
tierra. Asimismo, comprobar que a partir de ese momento fue ilegal convenir que
el campesino deba vender sus productos de manera exclusiva al dueño de la
tierra. Aquellas disposiciones de Velasco, por sí solas, me revelaron que el
hacendado abusivo don Froilán, en la novela de José María Arguedas, había sido
de carne y hueso.
Ha pasado el tiempo y la historia “oficial”
lapidó a Velasco. De él y sus obras nada se sabe, pues hasta el día de la
“Dignidad nacional” (9 de octubre) que él estatuyó fue borrado del calendario
cívico. Eso sí, se repite machaconamente que Velasco fue ese militar dictador
que mediante un golpe de Estado se hizo presidente del Perú. Y que, en
consecuencia, fue un vil enemigo de la democracia.
A la luz del tiempo transcurrido, hoy me
pregunto: ¿de cuál de las “democracias” fue enemigo el general Velasco? De aquella
en la que la mujer no tenía los mismos derechos que el marido o en la que los
iletrados no votaban ni opinaban o esa que a través de trapacerías legales y
judiciales santificó el despojo sufrido por los campesinos con relación a las
tierras que milenariamente les había pertenecido… ¿De cuál de esas
“democracias” fue enemigo el general Juan Velasco?
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